El Final de Taxistas, conductores y Camioneros


Es imparable. La ola acelera. Miles de empleos se tambalean. Se llama «conducción autónoma»: demonizada por unos, aplaudida por otros.


El progreso —tecnología, robótica, inteligencia artificial— nunca llega en puntillas: reorganiza el trabajo. Destruye unos puestos, crea otros, y casi siempre duele. Esta vez, en carretera tendremos la conducion autonoma y en el cielo los drones autonomos, esto nos trae una revolución social: nueva movilidad, logística reescrita y ciudades que miran al cielo para ganar espacio con drones.

En pocos años así nos veremos……

El avance tecnológico no pide permiso. Nos toca adaptarnos, nos guste o no. Ya asoman la conducción autónoma y, más reciente, los drones de pasajeros. Aún les queda recorrido, sí, pero el rumbo está claro. Fabricantes y startups compiten en I+D para poner en la calle coches que se conducen solos y drones comerciales. Y aunque estos sectores todavía necesitan tiempo para evolucionar y mejorar, ya está claro que son el futuro. Todas las marcas de vehículos conocidas, así como incontables empresas de alta tecnologia, tienen planes de investigación y desarrollo en lo referente a la conducción autónoma y a los drones comerciales.

La destrucción de empleo

Los primeros en la diana: camioneros y taxistas. Las empresas sueñan con flotas que trabajen 24/7, sin descansos ni nóminas. ¿Bajarán los precios? Permíteme dudarlo cuando una oficina pueda coordinar, con un ordenador y una persona, camiones por medio mundo. Quedará un núcleo experto para trabajos sensibles: peligrosos, especiales, urgentes.

Lo dice el International Transport Forum: la automatización puede recortar la demanda de transportistas entre un 50 % y un 70 % antes de 2030, con millones de empleos en juego.

El taxi pinta similar. Un parque de vehículos autónomos funcionando sin turnos humanos cambia el tablero. El autónomo quizá pueda poner a trabajar su coche por él, pero ¿cuántos podrán asumir una inversión tan alta en un sector cada vez más apretado?

Habrá destrucción, sí, pero también nuevos oficios: electrónica, comunicaciones, ciberseguridad. Porque, junto al volante vacío, llega la amenaza digital: hackers bloqueando arranques, secuestrando flotas, provocando accidentes. Harán falta protocoloslenguajes y defensas nuevas.

Sectores afectados

El transporte público va por la misma vía: trenes sin conductor, metros automáticos. La lista crece en medio mundo.

El reparto también cambiará: aviso al cliente, taquillas en el propio vehículo y menos manos humanas.

Y habrá quien gane libertad: personas ciegas, con movilidad reducida o sin carné encontrarán aquí un antes y después en su vida diaria.

Seguridad vial

HEl 93 % de los siniestros tienen sello humano. Cuando esta tecnología madure, los accidentes caerán: respeto estricto a las normas, vehículos que se hablan, detección de peatones fuera de nuestra vista, mapas dinámicos en 3D, autoorganización del tráfico. Más máquina, menos imprudencia.

El obstáculo será, precisamente, el humano. La IA respetará límites y prioridades; algunos no lo tolerarán. Querrán «pisar» a 140, arrebatar el control en un cruce… y ahí se esfuma la ventaja. Si mandan los impulsos, vuelve el riesgo.

El Futuro Ya esta Aqui

Cuando las carreteras sean domadas con estas tecnologias, el salto a aire y mar será cuestión de calendario: ordenadores, GPS, sensores y cámaras al timón.

Ya en 2020 asomó el primer taxi-dron para dos pasajeros en ciudad. La revolución del transporte no llama a la puerta: entra.

Hang puso cara a esa promesa con el 216: 16 hélices, dos plazas, 35 km de autonomía, 130 km/h de punta y un coste que bajará con la implantacion sucesiva. La idea: un servicio público rápido, seguro y asequible, a medio camino entre helicóptero y taxi.

Derrick Xiong, cofundador, lo resumió: movilidad urbana tridimensional, menos ruido, menos emisiones, más eficiencia. Ciudad por arriba, no solo por abajo.

Ahora, lo difícil: normas. ¿Podrán los gobiernos seguir el ritmo? Harán falta pasillos aéreos, señalización, sanciones, zonas de despegue y aterrizaje… un código para el cielo.

Los gigantes ya están dentro. Google, Boston Dynamics y compañía muestran por dónde va la apuesta: coches sin volante ni pedales; dos botones —encendido y apagado— y a rodar. Nos guste o no.

Por último, el guiño deportivo: que coches y motos sigan compitiendo como siempre… aunque el futuro, ya sabes, no suele pedir permiso.

¿Qué pasará en unos años…?

Que pasara en unos años………

by Thot…

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